Historias que no se cuentan (VI): las caras de un embarazo en la adolescencia

Revista Muchacha
3 min readJun 14, 2024

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Por Beatriz Yero Wilson

En publicaciones anteriores, Muchacha expuso la historia de Sara[*], una joven que fue madre a muy temprana edad, situación que representó un obstáculo para continuar sus estudios. Hoy, muchacha, muchacho, les traemos algunos datos importantes sobre el embarazo precoz.

El embarazo en la adolescencia es la realidad de muchas jóvenes de Cuba y otros territorios del mundo. Resulta, sin dudas, un escenario de incertidumbre, el cual constituye, a su vez, un desafío, sobre todo por la inequidad social y la urgencia que conllevan estos casos para su atención inmediata.

Al finalizar el año 2022, nuestro país alcanzó una tasa de fecundidad de 50,60 por cada mil mujeres menores de veinte años; respecto a esta cifra, han sido las provincias orientales las que han arrojado los mayores índices, a nivel nacional.

La periodista Sheila Noda informó que, en julio del año 2023, el 18,9 % de los nacimientos correspondían a niñas y adolescentes de entre doce y diecinueve años de edad; una cifra, de hecho, bastante alta.

Al entrar en la etapa de la adolescencia, los cuerpos, tanto de las chicas como de los chicos, comienzan a desarrollarse y prepararse para la vida sexual; sin embargo, el hecho de que se estén preparando para ella, no significa que, en efecto, en ese tiempo ya lo estén. Por otra parte, aunque de forma paulatina vayan consolidándose los cambios físicos, las niñas y las adolescentes, definitivamente, no están preparadas para gestar, ni desde el punto de vista biólogico, ni desde el psicológico, el emocional ni el social; de este modo, el hecho de que una niña/adolescente menstrúe, no significa que pueda — ni mucho menos, deba — ser madre. Esta decisión no puede ser tomada a la ligera; es un acto que implica una enorme responsabilidad y, sobre todo, investigación previa sobre la sexualidad en un sentido amplio y desprejuiciado, ya que el desconocimiento y los tabúes, tanto por parte de las familias y los profesores, como por la de las/los niñas/niños y adolescentes, puede conducir a un embarazo no deseado, así como a la adquisición de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS).

En artículos revisados, se comprueba que, una vez llegada la adolescencia, se activan hormonas sexuales, que son las encargadas de producir los cambios físicos; no obstante, la maduración de la personalidad de las muchachas y los muchachos aún no se ha llevado a cabo. De ahí vienen los conflictos ocasionados por su rebeldía. Es importante señalar que esta oposición puede sustentarse en la falta de confianza hacia los familiares; por lo tanto, constituye un factor a tener en cuenta por las y los adultos.

El conocimiento sobre salud sexual y métodos anticonceptivos, así como el apoyo y acompañamiento de niñas, niños y adolescentes por parte de las personas adultas, siempre a favor de una Educación Integral de la Sexualidad, resulta esencial en la prevención del embarazo en la adolescencia. Asimismo, enfrentar desde la ciencia, la conciencia y la sensibilidad todas aquellas causas fundamentalistas que promueven la desinformación y condenan el derecho al placer, al autoconocimiento y al autodisfrute; al consentimiento en las relaciones sexuales; a la libertad de elegir si se tiene o no descendencia; a las diversidades del amor… constituye una tarea que apremia y nos compromete a todas y a todos por igual.

Muchacha, muchacho, recuerden siempre que se puede disfrutar de la sexualidad y, al mismo tiempo, protegerse. El cuidado recíproco que ustedes se brinden, consolidará los cimientos de sus relaciones sexo-afectivas.

[*] Para preservar la identidad de las personas implicadas, se han utilizado pseudónimos a lo largo del texto.

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